El Papa Francisco y su revolución eclesiástica

Escrito por: Leonardo Jaquez, Marzo 2013

Buenas nuevas trajo para Latinoamérica el primer Papa latinoamericano y de formación jesuita que dirige los destinos de la iglesia católica, una iglesia sacudida en sus cimientos por una serie de hechos bochornosos y abominables acontecidos en los últimos años, los cuales son por todos conocidos. En su primera gira internacional escogió a Brasil, país anfitrión de la XXXVIII Jornada de la Juventud, como punta de lanza para presentar al mundo lo que será su programa de gestión papal.

Hay que decir que esta visita a Brasil coincide con una serie de manifestaciones callejeras y de indignación social como nunca antes la había tenido esta nación en toda su historia. Cansada y asqueada por todo este manto de corrupción y abusos que le es común a Latinoamérica. Una visita que fue recibida con beneplácito por, sin temor a equívoco, el continente más humillado, saqueado y desmoralizado del mundo: un continente cabizbajo. ¡Bien por su santidad! Quien ha mostrado su apoyo a los reclamos sociales en las calles “Quiero que vayan a la calle a armar lío, quiero lío en las diócesis, quiero que se vaya fuera, quiero que la Iglesia vaya a la calle, quiero que la Iglesia abandone la mundanidad, la comodidad y el clericalismo, que dejemos de estar encerrados en nosotros mismos”, después al girar significativamente hacia los prelados que lo acompañaban dijo: “Que me perdonen los obispos y los curas si los jóvenes les arman lío, pero ese es mi consejo…”. Todo esto fue pronunciado por el Papa, en un momento que improvisadamente apartó para un grupo de jóvenes creyentes, reunidos en la Catedral Metropolitana de Rio de Janeiro.

Jorge Mario Bergoglio de 76 años de edad, quien en ningún momento se hace llamar Papa sino Obispo, ha hablado de la necesidad de redireccionar el enfoque que ha venido teniendo la iglesia católica, una iglesia desconectada de los reclamos sociales, una iglesia de las alturas, elitista, de placeres vanos y adherida a los poderes de turno. Plantea una iglesia pobre y para los pobres, ahí donde siempre habitará Dios, en la carencia, en la desigualdad, en la inexistencia de niveles mínimos de sobrevivencia humana digna y respetable. Y no solo se ha quedado ahí, ha tocado el neurálgico tema que ha sido para la iglesia católica la homosexualidad “quién soy yo para juzgarlos” dejando claro con esto un nuevo enfoque por parte del vaticano a la postura milenaria que ha tenido la iglesia, de intolerancia y marcada exclusión social hacia un conglomerado humano que simplemente comparte unas preferencias sexuales distintas, a la mayoría de los demás habitantes de este mundo hostil y vanal. Expresó que esta condición humana es un pecado estatuido en la biblia, pero ha colocado por encima de esto el amor y la tolerancia al prójimo como forma de construir vías inclusionistas capaces de posibilitar la convivencia humana más pacífica y civilizada.

Es una especie de despojo histórico que ha traído el nuevo Papa, presentando un resurgir eclesiástico basado en la aceptación de las nuevas realidades del mundo. Sobre una pregunta que se le formuló respecto a cual consideraba debería ser el papel de la mujer en las iglesias respondió “Como dije a los obispos, sobre el papel de las mujeres en la Iglesia no nos podemos limitar a las mujeres monaguillo, a la presidenta de cáritas, a la catequista… Tiene que haber algo más, tenemos que hacer una profunda teología de la mujer”. Y en cuanto a la posibilidad de que las mujeres sean sacerdotes planteó lo siguiente “la Iglesia ha hablado y dice no. Lo dijo Juan Pablo II, pero con una formulación definitiva. Esa puerta está cerrada. Pero sobre esto quiero decirles algo: la Virgen María era más importante que los apóstoles y que los obispos y que los diáconos y los sacerdotes. La mujer en la Iglesia es más importante que los obispos y que los curas. ¿Cómo? Esto es lo que debemos tratar de explicitar mejor. Creo que falta una explicitación teológica sobre esto”.

Es una nueva forma de ver el fondo lo que el Papa argentino Francisco plantea, sus postulados revolucionarios no se han limitado a la necesidad de darle mayor participación a la mujer, a la tolerancia hacia la homosexualidad, al latigazo silente que envió a los más de 3,000 obispos que tiene la iglesia católica en el mundo, sino que también ha defendido la laicidad de un estado “La convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del Estado, que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia del factor religioso en la sociedad” estas contundentes palabras del Papa reflejan las nuevas buenas que han llegado para Latinoamérica y el mundo. La iglesia humilde, tolerante, aliada a los intereses de los más necesitados, desprovista de todo tipo de psicología de príncipes, es la que pretende encarnar Francisco un Papa de este siglo para los siglos.

Es más que una reformulación o un nuevo etiquetamiento, es una verdadera e integral revolución eclesiástica lo que está en curso, aunque para los pesimistas, todo esto obedece a un nuevo populismo Papal que encarna Francisco, propio de estos tiempos donde las izquierdas políticas han ganado terreno frente a la derecha y donde el discurso socialista esta enraizándose en el mismo centro del poder político mundial. Pero independientemente de las posiciones que sostengan los defensores o los detractores de la iglesia católica, lo que sí es cierto, es que está promoviendo el discurso que amerita la época, una época, donde la deuda social acumulada por quienes han ostentado el poder, es abismal.
En hora buena ha llegado el Papa Francisco, ahora lo que vendría bien preguntarse es ¿Estamos en presencia del nuevo Moisés de la iglesia?